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Junto con el aumento de la obesidad en los adultos, la obesidad infantil va en aumento. Alrededor del 15,5 por ciento de los adolescentes en nuestro país, de 12 a 19 años son obesos. Aún más alarmante, aproximadamente 15,3 por ciento de los niños de 6 a 11 años son obesos. Estos niños desarrollan diabetes tipo II e hipertensión arterial a una edad temprana. Se están poniendo a sí mismos en mayor riesgo de enfermedades del corazón y otras enfermedades relacionadas con la obesidad. Su peso también hace que se conviertan en el blanco de las burlas e insultos de los otros niños. Esto puede arruinar su autoestima con el posible riesgo de caer en depresión.

Los niños de hoy en día conforman la generación digital. Crecen rodeados de ordenadores y no son tan activos físicamente como eran los niños de las generaciones pasadas. En vez de ir afuera y jugar, tienden a pasar el rato en casa, viendo la televisión y jugando con juegos en el ordenador o en la videoconsola o incluso en el móvil.

Junto con la falta de actividad física viene la comodidad de la comida rápida. Hay restaurantes de comida rápida casi en cada esquina, y tienen fácil acceso a los bocadillos llenos de grasas saturadas y azúcares. Además, los padres obesos son más propensos a tener niños obesos. La razón de esto es doble. En primer lugar, los padres obesos probablemente pasan sus malos hábitos a sus hijos. En segundo lugar, la genética juega un papel en la obesidad.

Es muy importante que los padres sean modelos a seguir para sus hijos y hagan hincapié en la importancia de la actividad física y la alimentación saludable. Los padres pueden crear ambientes saludables para los niños haciendo actividades físicas regulares, como andar en bicicleta, nadar o caminar juntos. Se debe alentar a sus hijos a participar en deportes, danza, artes marciales, etcétera. Esto permite a los niños a desarrollar afición por la actividad física y disfrutar haciendo ejercicio.

Cuando se trata de comer, los padres tienen que poner en práctica una dieta rica en frutas, verduras y cereales. Pueden hacer que comer sea agradable y saludable preparando la comida junto con los niños y comiendo juntos como una familia. La comida rápida debe ser limitada y reservada para ocasiones especiales. Demasiado a menudo, nos recompensamos a nosotros mismos por un trabajo bien hecho con la comida. Busque otras maneras de recompensar a sus hijos por hacer un gran trabajo, como un día de compras especial o un día solo con mamá o papá.

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